16 de mayo de 2011

CREDO DE LOS INMIGRANTES


Creo en Dios Todopoderoso, quien guió a su pueblo en en exhilio y en éxodo, el Dios de José en Egipto y de Daniel en Babilonia, el Dios de los extranjeros e inmigrantes.
 
Creo en Jesús Cristo un desplazado de Galilea, quien nació lejos de su gente de su casa, quien tuvo que huir del país con sus padres cuando su vida estuvo en peligro, y quien  al volver a su propio país tuvo que sufrir la oppresión del tirano Poncio Pilato, el sirviente de un potencia extranjera. Fue perseguido, golpeado, torturado y finalmente acusado y condenado a muerte injustamente. Pero que en el tercer día, este Jesús rechazado resucitó de la muerte, no como un extranjero sino para ofrecernos la ciudadanía celestial.
 
Creo en el Espíritu Santo, el inmigrante eterno del Reino de Dios entre nosotros/as, quien habla todos los idiomas, vive en todos los países y une a todas la razas.
 
Creo que la Iglesia es el hogar seguro para todos los extranjeros y creyentes que la constituyen, que habla el mismo idioma y tiene el mismo propósito.
 
Creo que la comunión de los santos comienza cuando aceptamos la diversidad de los/as santos/as.
 
Creo en el perdón, el cuál nos hace iguales y en la reconciliación, que nos identifica más que una raza, lenguaje o nacionalidad.
 
Creo que en la resurrección, Dios nos une como un pueblo en el cual todos somos distintos e iguales al mismo tiempo.
 
Creo en la vida eterna más allá de este mundo, donde ninguno sera inmigrante sino que todos seremos ciudadanos/as del Reino de Dios que no tiene fin. Amen.
 
Jose Luis Casal, Misionero General
Presbiterio Tres Rios, Iglesia Presbiteriana (U.S.A.)
Equipo de Ministerio Latino, Presbiterio de Palisades

Carta Abierta a Barack Obama, Presidente de los Estados Unidos de Norteamérica.


Carta Abierta de Aldo Etchegoyen a Barack Obama.
Presidente de los Estados Unidos de Norteamérica.
Dr. Barack Obama
 
Señor Presidente:
Luego del operativo militar sucedido en Pakistán, del cual Usted participó personalmente en su planificación y que culminó en la desaparición forzada, muerte y hundimiento en el mar de Osama bin Laden me surgen algunas preguntas.
 
¿Donde aprendió semejante metodología al servicio de la muerte?
 
¿En la Escuela Dominical de su iglesia donde recibió las primeras enseñanzas del Evangelio de la paz?
¿En la escuela pública o privada donde aprendió a leer y escribir? ¿Quizás en la Universidad donde fue graduado o en la cultura estadounidense donde Usted se desarrolló como persona? ¿Posiblemente en su partido político mediante el cual llegó a la Presidencia de ese poderoso país?
 
No creo que por esos caminos haya llegado a pensar y actuar tan violentamente violando toda ley y derecho nacional e internacional. 
Estuve en su país donde encontré gente buena, regular y mala como en cualquier otro país del mundo.
Sé también que  "aplaudidores" de la muerte se han asociado con Usted,  también  que otros han deplorado lo sucedido pero prefieren mantener un status de silencio cómplice, por las dudas ¿sabe? … mejor no ser mal interpretados.
 
Vuelvo a la pregunta ¿donde aprendió semejante manera de pensar y actuar en consecuencia?
 
¿Sabe una cosa?  Nosotros en Argentina  conocimos esa metodología de operar por parte de quienes  Ustedes llaman "tropas de elite", en nuestro caso fueron grupos de tareas que robaban personas y bienes de miles y miles de familias.
No le cuento lo que hacían con esas personas para no poner tristeza en la celebración y alegría que Usted y su equipo tienen por el  éxito logrado.  Estos grupos de tareas también robaban, ¿quizá hayan hecho lo mismo los integrantes de su " tropa de elite" que irrumpió como ladrón en la noche en la residencia de  bin Laden?  Por supuesto!!  no con mala intención sino para llevar algún recuerdito del lugar.
Le cuento que a nosotros nos sucedió lo mismo  pero, con una abismal diferencia, nadie, absolutamente nadie tomó venganza por lo sucedido, y el número de desaparecidos se estima en 30000 personas.
Creemos que la muerte no mata a la muerte sino mas bien la favorece y  la hace renacer pero con otro nombre: ¡Venganza !
 
Nosotros sabemos donde se educaron quienes dirigieron y participaron en esos grupos de tareas, fue en la Escuela de las Américas institución "educativa" programada por su país pero, por entonces,  en Panamá, fuera de las fronteras de Estados Unidos, quizás,  para no contaminar su territorio, como exactamente sucede hoy con el centro de prisión y torturas instalado en vuestra base militar en Guantánamo - Cuba. 
 
Pero...se me ocurre otra pregunta ¿no habrá Usted estudiado en esa misma Escuela Educativa?.. Perdón,  no quiero ser irrespetuoso, es solamente una sospecha seguramente infundada. 
Finalizo con las palabras de alguien que tenía el mismo color de su piel, compatriota suyo que en el pasado decía:
 "Hago el duelo por la pérdida de miles de preciosas vidas,
pero  no me regocijo por la muerte de una, ni siquiera la de un enemigo.
 
Devolver odio por odio, multiplica el odio, 
es  agregar mayor oscuridad a una noche ya desprovista de estrellas.
 
La oscuridad no puede eliminar la oscuridad: sólo la luz puede hacerlo.
El odio no puede eliminar el odio: sólo el amor puede hacerlo" 
 
Se llamaba Martin Luther King.
Le saludo con todo mi respeto./ Aldo M. Etchegoyen. Co-Presidente de la APDH (Asamblea Permanente por los Derechos Humanos). Buenos Aires - Mayo 2011.+ (PE) 
 
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4 de mayo de 2011

Is It Moral to Celebrate a Person’s Death? Jim Wallis

Pumping our fists in victory or celebrating in the streets is probably not the best Christian response to anyone’s death, even the death of a dangerous and violent enemy. The world can be relieved that a leader as evil as Bin Laden can no longer plot the death of innocents. We can be grateful that his cynical manipulation and distortion of Islam into a message of division and hate is finally ended. Even if we sharply dissented from the moral logic or wisdom of the failed wars in Iraq and Afghanistan of the last decade, we can be glad that a mass murderer has been stopped and brought to justice. And we can be hopeful that the face of the Arab world might now become the young nonviolent activists for democracy rather than a self-righteous smirk of a self-promoting video character who tells us he is going to kill our children if we don’t submit to his hateful agenda.

But the book of Proverbs clearly warns us to “not rejoice when your enemies fall.” And, in the hardest words of the gospel, Jesus tells us to “love your enemies and pray for those who persecute you.” Neither of those texts have been very popular pulpit texts during the years since 9/11. So as people of faith, we don’t celebrate the death of other human beings, regardless of how twisted or evil they have become.

The chants of “USA, USA, USA” are also not the best mantra for believers who should know that they are meant to be Christians first and Americans second. We Christians have too often valued the innocent lives of Americans who have been lost to war more than the innocents who were in the way of our wars in response to the attacks against us. Christians are simply not allowed to so selectively value human life.

The violence of terrorism, the violence of war, and even the violent reprisal against Osama bin Laden on Sunday should all push us to deeper reflection, and even repentance, for how we have allowed the seeds of such destruction to take root and grow in our hearts and in our world. Neither does this successful action vindicate all the other violence we have committed in the name of our “War on Terror.” If anything Sunday’s success showed the effectiveness of good intelligence and “policing activities” more than the endless wars of occupation, as some have pointed out.

More innocent civilians have become the “collateral damage” of our wars, than from the direct assault on civilians undertaken by Osama bin Laden and his al Qaeda assassins on September 11. This fact, by the standards of Just War Theory, which is at least given lip service in most churches, is a grave moral failing. Violence is always more a sign of our failures than our successes and is not easily exorcized from the world by the killing of one man, no matter how dangerous or symbolic he may be.

As long as Osama bin Laden remained at large and able to launch his hateful rhetoric, we seemed stuck in failed wars as our best response to terrorism. But perhaps with Bin Laden now gone and rendered irrelevant, we can turn the page on the 10-year trauma of 9/11 and find better ways to settle our conflicts, defend ourselves, and undermine the threats against peace. I believe one of our most hopeful ways forward is to now unite across religious lines and learn again together “the things that make for peace.”


 


by Jim Wallis 05-04-2011
Jim Wallis is the author of Rediscovering Values: A Guide for Economic and Moral Recovery, and CEO of Sojourners. He blogs at www.godspolitics.com. Follow Jim on Twitter @JimWallis.
This post was written in response to a question posed by The Washington Post’s On Faith blog editors: Is it moral to celebrate a person’s death, even if he is guilty of heinous crimes?

Did Osama bin Laden Go to Hell? JLee Grady

Some people cheered when the world’s most hated terrorist was killed. But I don’t think God was happy about his death.
Like many other Americans who stayed up late to hear the news about Osama bin Laden on Sunday night, I had one eye on my television and the other on my laptop. I was waiting for President Obama to make his statement about the demise of the world’s most infamous terrorist, but the White House was moving as slow as Vermont syrup in December. When Obama finally stood in front of his teleprompter, many of us had already finished the story—by tweeting, texting and posting entries on Facebook.
These days we don’t just sit and watch TV. We are involved in the story, and sometimes we know the news before Wolf Blitzer does. Empowered by our lighting-fast digital media, we are the commentators now. Yet as I read some of the verbal shots fired into the Twitterverse by this new army of armchair journalists (“May Osama rot in hell!” for example, or “I’m glad he’s fish food now”), I had to ask myself: Is it right for Christians to rejoice over the death of a criminal—even one who masterminded a plot so evil as the 9/11 attacks?
There are certainly some Old Testament passages that seem to give us permission to gloat when a terrorist is served justice. Consider Proverbs 11:10: “When it goes well with the righteous, the city rejoices; and when the wicked perish, there is joyful shouting (NASB).”
But the heart of the matter is found in Ezekiel 18:23, in which God asks a rhetorical question: “Do I have any pleasure in the death of the wicked?” He answers in verse 32: “For I have no pleasure in the death of anyone who dies …Therefore, repent and live.”
This verse gives us deep insight into the heart of a God who is both merciful and holy, both loving and just, both kind and severe. It tells us that although God’s kingdom has a moral order—and He does indeed hand out severe consequences for sinners—He does not enjoy seeing any human being sentenced to eternal death.
It is ironic that while a majority of Americans believe Osama bin Laden deserves to spend eternity in hell (and many are willing to say they’re happy about it), a large segment of Christians aren’t sure if they even believe hell is a real place, or if God actually sends anyone there to stay.
Michigan pastor Rob Bell, author of the controversial new book Love Wins, has been labeled a heretic by some conservative evangelical leaders because he suggests—in vague and sometimes confusing terms—that a loving God offers ultimate reconciliation to everyone. Bell’s theology feels awfully similar to universalism—the idea that everyone gets into heaven regardless of how they lived or how they responded to the claims of Christ.
I’ve kept my mouth shut about Bell’s book because I’m still reading it. But Osama bin Laden’s death has caused me to examine my own beliefs and attitudes about eternal punishment. What really happens to people when they die—especially those who have never heard the gospel? As pundits debate on whether we should have buried bin Laden at sea, or if we should release the photos of his corpse, I offer three points to ponder:
1. People who don’t know the forgiveness of Christ will be judged by God’s law. I don’t know if Osama bin Laden ever heard the gospel or if he consciously rejected Christ. (There are Christians scattered all over the Middle East—and it is probable that someone presented the gospel to bin Laden and the rest of his al-Qaida henchmen.) Paul wrote that Gentiles who sin “apart from the law” (ignorant of God’s truth) will be judged by what they know instinctively—because all human beings have a sense of morality written in their hearts (see Rom. 2:12-16). Although bin Laden was most assuredly deceived, he knew it was wrong to murder innocent people.
2. We don’t get off the hook after death. Universalists believe everyone gets a “come to Jesus moment” after they die. But this idea contradicts Hebrews 9:27, which says it is “appointed for men to die once and after this comes judgment.” Death is horribly final. The choices we make in this life do matter. This is why Jesus preached more about hell than anyone in the New Testament. And it is why Peter, in the very first sermon preached after Pentecost, declared: “Repent” (Acts 2:38). To suggest that adherents of other religions get a special pass to heaven, or that sinners get a second chance in pergatory, is to make a mockery of Paul, Peter, Jude, John and all other New Testament writers who plead for genuine repentance and warn of final judgment.
3. The only way to avoid hell is to believe in the Son of God. The gospel is “good news” because God offers all of us—no matter what sins we have committed—amnesty from judgment through faith in Jesus. Hell is real, but we don’t have to go there. The concept of hell is actually imbedded in the most famous passage in the Bible, John 3:16: “For God so loved the world, that He gave His only begotten Son, that whoever believes in Him shall not perish, but have eternal life” (emphasis added). The focus here is on the amazing love and mercy of God—which is free and unmerited. But you cannot ignore the reality that those who reject the Son will perish.
Bin Laden’s death was a victory for the free world and a signal that justice prevails. But it was also a sobering reminder that those who don’t know Christ will spend eternity without Him.

Wednesday, 04 May 2011 11:44 AM EDT J. Lee Grady
J. Lee Grady is contributing editor of Charisma. You can follow him on Twitter at leegrady. His newest book is 10 Lies Men Believe (Charisma House)
Read more: http://www.charismamag.com/index.php/fire-in-my-bones/30896-did-osama-bin-laden-go-to-hell#readmore#ixzz1LPRJaI9B

24 de marzo de 2011

Cuando de poder se trata, no hay amor ni matrimonio que aguante


Revuelo social tras anuncio de divorcio que faculta a primera dama como candidata presidencial

Mientras que la pareja presidencial y el partido oficialista lo presentan como un gran sacrificio de amor por seguir con los programas sociales iniciados en el actual Gobierno, la oposición ve el divorcio y la candidatura de la primera dama a la presidencia, como una burla. Mayra Rodríguez


Ciudad de Guatemala, jueves, 24 de marzo de 2011

La noticia, hecha pública esta semana aquí, es catalogada e burla al espíritu constitucional por parte de la oposición a la actual administración del país, cuando dicha aspiración se hizo pública el pasado 11 de marzo con la apertura del expediente 1058-2011-324, asignado a la juez Mildred Roca Barillas en el organismo judicial.

Tras ratificar la solicitud del divorcio ayer en el Juzgado Segundo de Familia, este ente suspendió el vínculo matrimonial entre Sandra Torres, primera dama de la nación y Álvaro Colom, presidente de la República, y fijó el 1ro de abril como plazo para que la juez a cago resuelva, definitivamente. 
El anuncio de divorcio ha desatado los más variados comentarios y pasiones entre la población guatemalteca que, en su mayoría, rechaza esta acción por creer que se trata de una medida soez para permanecer en el poder, buscando sortear la prohibición constitucional que impide optar a la presidencia a parientes del presidente dentro del cuarto grado de consanguinidad y segundo de afinidad, según el artículo 186 de la Constitución Política. 
En un mensaje difundido desde ayer por la primera dama, explica que el amor entre ella y el presidente es más sólido que nunca, pero que tomó la difícil decisión de divorciarse debido a los innumerables ataques hacia su persona, afectando su dignidad como mujer y madre de familia, y para acabar con la falta de argumentos de quienes se oponen a su proyecto político y que pretendían que su trabajo se limitara a mera figura decorativa dentro del gobierno actual. 
El Tribunal Supremo Electoral estableció que con este divorcio, la precandidata oficial no tendría ningún impedimento para participar en la contienda electoral de septiembre próximo, pero que esto se concretará cuando la inscripción de la separación legal se haga en el Registro Nacional de las Personas; sin embargo el Centro para la Defensa de la Constitución (CEDECON), afirma que el impedimento se mantiene en tanto que la pareja presidencial está cometiendo un fraude a la Carta Magna. 
Pero para otros abogados penalistas, el divorcio presidencial va más allá del fraude y aseguran que el presidente y su esposa están incurriendo en graves violaciones a las leyes del país, entre ellos los artículos 322 y 381 del Código Penal, referidos a la falsedad ideológica y la violación a la Constitución. 
Para el pastor Vitalino Similox, secretario general del Concejo Ecuménico Cristiano de Guatemala, las implicaciones políticas de esta decisión personal de la pareja presidencial, hacen de ello un acto reprobable desde la perspectiva ética y moral, sobre todo porque ponen en entredicho la importancia de la familia y de toda una cadena de valores, por alcanzar el poder. 
En la misma línea se expresa el pastor Marco Antonio Rodríguez, ex presidente de la Alianza Evangélica de Guatemala, quien calificó de inconcebibles, inauditas e inmorales las intenciones de este divorcio; “se burlan del pueblo!”, afirmó. 
Para la Iglesia católica esta decisión pone de manifiesto el amor al poder político, y tanto monseñor Alvaro Ramizzzini, de la Conferencia Episcopal de Guatemala, como Nery Rodenas, de la Oficina de Derechos Humanos del arzobispado, coincidieron en que se trata de una decisión personal, pero que es lamentable el ejemplo que tanto el presidente como la primera dama están dando. 
La cámara empresarial del país se pronunció también manifestando su preocupación por el daño que esta decisión genera al sistema político, y pidió a los políticos respeto a las instituciones, respeto a la familia y a los valores de la sociedad. 
Sandra Torres anunció su intención de participar como candidata presidencial el 8 de marzo, Día Internacional de la Mujer y tres días después interpuso la demanda de divorcio que daría fin a ocho años de matrimonio. Durante el gobierno actual, Torres, además de dirigir la Secretaría de Obras Sociales del Presidente, se desempeñó como coordinadora del Consejo de Cohesión Social, bajo el cual se administran los programas de inversión social. 
Antes de conocerse la intención del divorcio presidencial, Álvaro Colom y políticos del oficialismo rechazaban tal cosa, y manifestaron que sería algo inmoral si ocurriese por buscar la presidencia para la primera dama. 
El rompimiento oficial ofrece una serie de argumentos de descalificación para la oposición política en la contienda electoral; para una buena parte de la población conservadora, es la oportunidad de reflexionar sobre los valores fundamentales de la sociedad; para otros, la oportunidad de mofarse de la situación diciendo: “que se alegre el presidente que el requisito no sea que ella fuera viuda”, pero para la mayoría no es más que otro recurso de quienes buscan el poder.     


http://www.alcnoticias.net/interior.php?codigo=19198&lang=687

23 de marzo de 2011

Metáfora 2 - Discipulado: De profesor a facilitador




No es una sorpresa para nadie decir que el actual modelo educativo se encuentra en crisis, de hecho, nace como una respuesta educativa a la revolución industrial y no necesariamente como un desarrollo de los paradigmas educativos de la época. El modelo de educación reinante en occidente, está basado en la transmisión de conocimiento y conceptos, aún cuando los cuales no necesariamente sean imprescindibles para la vida diaria o adulta. Podríamos filosofar y extender este debate, pero sólo quiero resaltar que es un modelo uni-direccional donde “el experto” (el profesor), vacía todo su “conocimiento” de la materia y unos “neófitos” (alumnos) quienes reciben todo este contenido, para que luego sean “examinados” mediante herramientas que miden el nivel de absorción de la materia impartida. Este proceso es repetido durante toda la vida escolar del alumno.
Si tan sólo viésemos este modelo en la escuela actualmente, no tendríamos que alarmarnos tanto, pero el problema radica en que, por lo general es este mismo modelo el que siguen muchos de nuestros ministerios juveniles; enfocados en la transmisión de conocimiento a nivel intelectual, dejando a un lado lo experiencial/experimental. Por utilizar conceptos del curso de formación de líderes de jóvenes Raíces, estos son conocimientos que no se transforman en convicciones y por ende tampoco en conductas.
Es por ello que necesitamos reflexionar acerca de cómo estamos educando a nuestros jóvenes y adolescentes, y aquí la metáfora que nos ayuda es la de pasar de ser un profesor para convertirnos en facilitadores del conocimiento. Es clara, la diferencia entro uno y otro. El profesor, como hemos dicho antes, da, imparte, la materia que él se ha preparado, sin embargo el facilitador, como su nombre lo indica, facilita, ayuda a que el aprendiz adquiera ese conocimiento. En cierto modo, el profesor es como un experto en arte, que imparte su conocimiento, mientras que el facilitador es más como un guía de museo, que muestra las obras y deja que el aprendiz descubra la belleza del arte por sí mismo.
Este debe ser, en mi humilde opinión, la lógica reinante detrás de nuestros acercamientos educativos. Dejar que el joven y el adolescente sean capaces de descubrir los rudimentos de la fe, bajo el acompañamiento de un facilitador o guía. Porque al final, como líderes de jóvenes, sólo somos colaboradores, y quien de verdad enseña, educa y da el crecimiento, es Dios.
Que nos ayude Dios a vernos y a ser jardineros fieles en su huerto.
Hasta una próxima entrega... (*)
Paz

Yván

(*) ...y espero que no pase tanto tiempo entre una y otra.
http://paralideresblog.blogspot.com/2011/03/metafora-2-discipulado-de-profesor.html

Metáfora 1 - Liderazgo: De Héroe a Humano, y de Humano a Siervo




“¡Más rápido que una bala! ¡Más poderoso que una locomotora! ¡Capaz de pasar edificios en un solo salto! ¡Arriba en el cielo! ¡Es un ave! ¡Es un avión! No, ¡Es Superman!"

Este era el comienzo de la que creo fue la serie más emblemática acerca del personaje de Superman* (fans de Smallville, no la toméis conmigo). Y desde entonces, las sagas de súper-héroes han cautivado a millones alrededor de todo el mundo. Los héroes han estado y siguen estado de moda en la televisión y el cine. El mundo editorial de los comics no existiría sin ellos. Y hoy son parte ya de nuestra cultura popular.
Sin embargo, aún cuando los héroes son parte de nuestro acervo cultural, estos no son los mismo de hace años. Vemos como se han llevado a la pantalla grande trabajos como Watchmen o El Caballero Oscuro, que muestran héroes no tan héroes, con problemas internos, actitudes no muy loables, culpas o incluso motivaciones no tan altruistas. Y es que los estudios cinematográficos saben que los héroes perfectos ya no venden, y por ello cada vez cuesta más ver en cartelera a este tipo de personajes.
Pues, esto que vemos en el mundo de los héroes, es un reflejo de nuestra sociedad, en la cual los héroes perfectos ya no son tan relevantes como se cree. Incluso en nuestras nuestras iglesias/grupos/comunidades, vemos como a los jóvenes ya no le es relevante este tipo de liderazgo. Y es que en el fondo, todos sabemos que detrás de la imagen de hombre de acero, siempre hay algún tipo de kriptonita que nos debilita.

Por ello, si este es tu planteamiento de liderazgo juvenil: el del héroe que todo lo sabe, que todo lo hace, que todo lo ve y al que todos deben seguir; déjame decirte que puede que no estés modelando el ministerio de Jesús.
Y es que Jesús, en quien reside toda la divinidad, caminó en este mundo como un ser humano igual a tí y a mí. Dios mismo se hizo hombre, se hizo ser humano, dejando todos sus privilegios a un lado para empatizar con nosotros, para mostrarnos el camino. Y no sólo Jesús fue humano, sino que vino a servir y no a ser servido. Humano y siervo. Carne y entrega. Sangre y servicio.
Nuestra impronta actual nos llama a modelar a Jesús de manera radical, a mostrar en nuestra labor y en nuestras vidas los valores que el mismo Jesús tenía: Humano y siervo.
Ni tú ni yo somos perfectos, y creo que ningún miembro de nuestros grupo espera que lo seamos, tan sólo que seamos coherentes con nuestra espiritualidad y con el llamado de seguir a Jesús.
Muévete de paradigma, vive la metáfora, deja de ser héroe y sé humano, y no sólo humano, sino siervo también. Recuerda que no estás solo, únete a otros en la “Liga de la Justicia*” del reino que viven como anti-héroes, amando, acompañando, potenciando, dando a otros de manera sacrificial. Te invito a formar parte de ella.
A luchar por la justicia!!!!*
Hasta una próxima entrega,

Yván
* Las Aventura de Superman 1951-1958.
* Liga de la Justicia. DC Comics.
* Frase célebre de la Liga de Justicia.

Metáforas para el cambio




Neo intuía que había algo más, que algo fallaba, pero por alguna razón le era imposible concretar el pensamiento, la emoción de lo que sentía. Por ello, luego de aquel mensaje en su ordenador: “sigue al conejo blanco”, su curiosidad le conduce a desear saber que es lo que está pasando en realidad. Luego de algunos eventos concatenados, y bajo el más estricto secretismo, Thomas A. Anderson finalmente se encuentra cara a cara con Morpheus. Es tal el cúmulo de preguntas que todas se reducen a una: ¿Qué es Matrix? Después de tomar la decisión (y una píldora roja) de ir hasta las últimas consecuencias para averiguarlo, Morpehus, utiliza una batería para explicarle el status quo de los seres humanos según el argumento de la película.
No pretendo entrar en este argumento, el de la película, aunque la recomiendo altamente. Lo que deseo es mostrar, como una metáfora es a veces mejor para explicar una realidad complicada o extensa. El uso de la metáfora siempre ha acompañado al ser humano en su camino hacia una mejor comunicación, y por ello guarda un poder especial para comunicar de manera directa, amena, imaginativa y creativa lo que queremos decir. Esto es exactamente lo que hizo Morpheus con Neo cuando le mostró la batería.
Pues en un mundo cada vez más complejo, y cada vez más sumido en cambios rápidos y discontinuos, el uso de la metáfora es un elemento de la narrativa, excelente para explicar la transición que debemos adoptar si deseamos que nuestra labor como líderes/pastores/discipuladores/maestros de jóvenes sea efectiva y tome cada vez la forma original y radical que debe tener: la de Jesús.
Por ello, esta serie consta de 7 entradas/posts que utilizan una simple metáfora para explicar un cambio al que creo debemos someter nuestra comprensión del ministerio juvenil. Estas metáfora estarán centradas en 7 aspectos básicos del mismo: Liderazgo, Espiritualidad, Discipulado, Fe, Evangelismo, Iglesia y Misión.
Acompáñame a explorar estas 7 metáforas, y descubrir como nos pueden ayudar a desarrollar nuestro ministerio juvenil.
...no olvides tomar la píldora roja

El Apocalipsis en su contexto histórico - Juan Stam


Ningún  libro se escribe en el vacío. El Apocalipsis, como cualquier otro libro,  se entiende bien sólo en estrecha relación con su contexto. Se escribió  frente a un contexto complejo, que podemos llamar los múltiples  "mundos" de Juan: su mundo político fue el imperio romano, bajo el  emperador Domiciano. Su mundo geográfico fue la provincia romana de Asia  Menor, aunque probablemente nació en Palestina. Su mundo existencial  fue la isla penal de Patmos. Su mundo literario consistió en las  escrituras hebreas, la vasta biblioteca de escritos apocalípticos y  rabínicos, y en menor grado los rollos de Qumrán. Su mundo espiritual,  además del Antiguo Testamento, abarcó su ministerio pastoral, su llamado  profético y la vida litúrgica en las comunidades.  De algunas de estas  áreas del mundo de Juan hemos hablado ya, y otras son de por sí  evidentes.

El imperio romano a finales del primer siglo: Después  de haber sido una monarquía (753-510 a.C.) y una república (509-31  a.C.), bajo el reinado de Augusto (cuyo nombre propio era Octavio) Roma  se convirtió en imperio (31 a.C-527 d.C.).  Augusto tomó el título de  princeps senatus,  que a diferencia de consul no se compartía con otro  colega igual ni tenía que someterse a elecciones anuales.  Bajo su larga  y muy eficiente administración, concentró en sus propias manos todo el  poder, incluso el de vida y muerte, de guerra y paz, en Italia y en las  provincias. Además, logró una sucesión pacífica del poder para su hijo  adoptivo, Tiberio. Su dinastía duró hasta el suicidio de Nerón en 68  d.C.   Esas reformas dieron gran estabilidad al imperio e inauguraron un  largo período de pax romana. En general, esa oferta de paz y  prosperidad ganó mucha simpatía en toda la cuenca del Mediterráneo,  pero el precio -- el poder absoluto de las autoridades romanas -- fue  muy alto y llevó a muchos abusos. La expansión de Roma se debió a la  hábil combinación de diplomacia cuando era posible y violencia y  crueldad cuando eran necesarias. Al decir de Tácito, "ellos saquean,  masacran y roban, y lo llaman imperio; producen una desolación y lo  llaman paz" (Agrícola 30.6), e imponen "una paz manchada con sangre"  (Ann 1.1). De Herodes, que hizo matar a casi todos sus hijos como  potenciales rivales, el pueblo bromeaba, "es mejor ser el cerdo (hus) de  Herodes que ser su hijo (huios)". La crucifixión de Jesús, y la  ejecución de Pedro y Pablo en Roma, hicieron de la violencia imperial un  tema muy presente en la conciencia de los cristianos.

Una  amenaza aun más seria que la persecución, según la percepción profética  de Juan, era la adoración al emperador como a un dios. Este culto  imperial, que ya llevaba una larga historia, era especialmente fuerte en  las provincias orientales. Ya hemos mencionado el gran templo al  emperador en Éfeso y las presiones sociales de participar en esa  idolatría. Los cristianos fieles pagaban un precio muy alto por no  conformarse a la religión del imperio. Y la amenaza era mucho más grave  debido a la presencia de los nicolaítas, que pretendían adorar a Cristo y  a César a la vez. Fiel heredero del profeta Elías, Juan planteó la  disyuntiva radical, "O César o Cristo", pero jamás los dos. 

Como cristiano, pastor y profeta en este contexto, era inevitable que  Juan hablara sobre el imperio romano a través de su libro. No debe  sorprendernos la presencia enfática de ese tema; lo sorprendente hubiera  sido su ausencia.  Estamos acostumbrados a leer el Apocalipsis sólo  espiritualmente, en clave de predicciones.  Nos traumatiza cuando la  interpretación del libro trae temáticas políticas, económicas y  sociales, y surge inmediatamente la acusación de estar "politizando" el  evangelio. Es cierto que el mensaje bíblico no debe politizarse cuando  de hecho no es político, o politizarse más de lo que es. Pero hay otro  error que es también una infidelidad exegética, que consiste en  "despolitizar" el mensaje bíblico cuando de hecho es claramente  político. Es muy acertado el popular refrán, "Todo es político, pero la  política no es todo".

1. Juan denuncia el sistema político del  imperio romano:  Aunque es el emperador, o su sumo sacerdote en Éfeso,  que le tiene preso a Juan en la isla penal, él no duda en protestar los  abusos del imperio. Desde el primer capítulo Juan declara que Jesucristo  es "el soberano de los reyes de las naciones" (1:5; ho arjôn tôn  basileôn tês gês) y así constituye a Cristo en rival de César, con lo  que Juan desafía la autoridad de su perseguidor.   En seguida Juan  desconoce al trono en Roma, al ver otro trono mayor, establecido en los  cielos (Ap 4-5). En esos dos capítulos, Juan articula una teología del  poder totalmente opuesto al régimen imperial.

Con la séptima  trompeta culmina la primera mitad del Apocalipsis y comienza algo nuevo y  distinto. Nace del mandato a Juan a "profetizar sobre muchos pueblos,  naciones, lenguas y reyes" (10:11). Es la única vez que esa fórmula  cuatropartita incluye "reyes", y denunciar a reyes es lo que Juan  prosigue en seguida a hacer: profetiza contra naciones y reyes (Ap  12-19).  Con el capítulo 12 Juan describe cuatro derrotas de Satanás, el  dragón, que lo dejan frustrado y furioso. En su desesperación el diablo  organiza un equipo de trabajo, para intentar con una táctica nueva lo  que antes no había podido hacer. Primero saca una bestia del mar, que  ejerce el poder del diablo mismo (13:2,4,7), pretende ser dios para  recibir adoración (13:1,4,6) y hace guerra contra los santos (13:7).   Más adelante, Juan presenta un cuarto personaje, la ramera sentada sobre  siete montes (17:1-3,9) y nos informa que las siete cabezas de la  bestia son esos siete cerros (17:9), donde reside "la gran ciudad que  reina sobre los reyes de la tierra" (17:18).

De estos datos  queda obvio que los creyentes de Asia Menor entenderían que Juan estaba  hablando del imperio romano y de Roma, su ciudad capital.  Todo el  relato de estos dos capítulos es para comunicarles que detrás del  imperio romano está Satanás (13:2,4). Por eso, cualquier adoración al  emperador es simple y llanamente culto satánico, como queda muy claro en  13:4, "y adoraron al dragón que le había dado autoridad a la bestia, y  adoraron a la bestia". ¡Qué respuesta más contundente a la herejía  nicolaíta!

La descripción del imperio romano como una bestia y  la ciudad como una ramera fue muy atrevida.  En un momento cuando  serias amenazas se cernían sobre las iglesias y Juan mismo era  prisionero, ese lenguaje era imprudente. Además, al emplear estos  términos y estos símiles tan chocantes, Juan no sólo sigue a Daniel y la  tradición apocalíptica sino también adopta el lenguaje de la oposición  política dentro del Imperio.  Suetonio, en medio de su relato sobre  Calígula, dice, "hasta aquí lo del emperador, ahora tenemos que contar  su historia como monstruo" (Calig 22). Entre los enemigos de Nerón era  especialmente común describirlo como bestia. Filóstrato escribe, "He  visto muchas bestias fieras en Arabia e India, pero esta bestia, que se  suele llamar tirano, no sé yo cuántas cabezas tiene, ni como son sus  garras ni sus colmillos... Es más salvaje que las bestias de la montaña y  la selva, pues hasta los leones pueden ser domesticados, pero acariciar  esta bestia sólo la hace crecer en ferocidad y devorar a todo lo que  está a la vista. De las fieras nunca se ha sabido que comieran a su  propia madre, pero Nerón se sació con ese plato" (Vit.Apol. 4:38).   A  Domiciano, Plinio lo llama immanissima belua ("bestia monstruosísima"),  "que dentro de su cueva hace correr y lame la sangre de la humanidad"  (Panegírico 48:3). Estas descripciones destacaban dramáticamente la  inhumana crueldad del tirano y su aparente indomabilidad, más allá de  todo control humano y racional. 

La segunda bestia, que el  diablo saca de la tierra, tiene cara de un benigno cordero, pero su voz  es la voz del dragón, del mismo Satanás (13:11-18). Con su buena cara,  es "el Ministro de Propaganda" (F.F. Bruce 1969:653; Mounce 1998:257) y  "la encargada de relaciones públicas" de la primera bestia. Läpple  (1971:154) lo considera el teólogo oficial de la bestia. Para Wink  (1986:93) la segunda bestia representa "la maquinaria sacerdotal de  propaganda del imperio". Bruce lo relaciona con el culto a Roma y al  emperador, floreciente en Asia Menor, y específicamente con el  sacerdocio de ese culto imperial en la provincia (CERTEZA 137b). Con su  linda cara de cordero, que disfraza su verdadera naturaleza diabólica,  este falso profeta, al decir de Arens y sus co-autores (1999:1697),  promueve una "teología oficial del Estado" que provee "un excelente  ministerio de propaganda" para el desgobierno de la gran bestia.

Con esta segunda bestia Juan desenmascara el aparato propagandístico  del imperio. La segunda bestia, mejor conocida como el Falso Profeta,  imita al satánico dragón, que siempre engaña a las naciones. Sin excluir  la posibilidad de una referencia a las señales falsas de los últimos  tiempos, es más probable que Juan se refería a técnicas engañosas de los  cultos de la época; estatuas hablantes y relámpagos simulados  (13:13-15) eran trucos de uso frecuente en la época. Otro pasaje del  Apocalipsis describe la propaganda de guerra de la bestia como ranas que  salen de la boca del dragón y sus dos bestias para ir a todos los reyes  de la tierra e incitarlos a la guerra. ¡Parece del siglo XXI! Hoy esas  ranas pasean alegres por las pantallas de nuestros televisores todos los  días.

2. Juan denuncia el sistema militar del imperio romano: Ya  hemos mencionado la violencia y la crueldad en que se basaba el poderío  romano. El segundo caballo, de color rojo como la sangre, se dedica a  quitar la paz de la tierra y poner a la gente a matarse (6:3-4).  Para  tal efecto, le es dada una gran espada (majaira megale). Ese término  probablemente significaba una espada retorcida o sable, como era el arma  del legionario romano en la expansión del imperio (Arndt Gingrich, p.  497). Juan parece entender que el orden y la paz del imperio se basaban  en la violencia, llevando esa "paz manchada con sangre" de que habló  Tácito.  En un solo año, 140 a.C., el ejército romano dejó totalmente  arrasadas a dos ciudades importantes, Corinto y Cartago. De verdad, el  imperio romano anduvo por todo el mundo mediterráneo montado en el  caballo rojo del terror organizado.

Según el Apocalipsis, el  dragón y sus aliados son terriblemente sanguinarios.  El dragón rojo  pretende comerse al niño apenas nazca. Su agente, la bestia del mar,  hace guerra contra los santos (13:7) y la segunda bestia proclama, por  medio de una estatua hablante, una sentencia de muerte contra todos los  que no adoran a la imagen de la primera bestia (13:15). La ramera, alias  Babilonia, está borracha con la sangre de los santos y los mártires  (17.6).  En ella está la sangre, no sólo de profetas y santos, sino "de  todos los que han sido asesinados en la tierra" (18:24).  En conjunto el  imperio representa un régimen asesino y bestial.

El capítulo  16 tiene dos referencias muy claras a la violencia y la guerra. En  primer lugar, la segunda copa cambia el mar en sangre y la tercera hace  lo mismo con toda el agua dulce (16:3-4). Estas dos plagas recuerdan la  primera plaga de Egipto que convirtió el Nilo en sangre, lo que una  interpretación judía entendía como castigo por haber manchado las aguas  del río con la sangre de los niños hebreos. En el mismo sentido, el  ángel de las aguas explica el significado de estas dos copas que  cambiaron el agua en sangre:

"Justo eres tú, el Santo,
que eres y que eras,
porque juzgas así:
ellos derramaron la sangre de santos y de profetas,
y tú les has dado a beber sangre,
como se lo merecen." (16:5-6)

La sexta copa también, con ironía y cierto humor, denuncia el  militarismo. De la boca de los tres personajes diabólicos (el dragón y  las dos bestias) salen sendas ranas con una tarea mundial: ir a todos  los reyes de la tierra e incitarlos a una guerra.  Las ranas representan  obviamente la propaganda imperial que con sus mentiras promueve la  agresión militar (16:13-14,16). La figura de ranas que llegan a todos  los palacios del mundo y persuaden a los reyes no deja de ser simpática y  chistosa (¡los reyes conducidos al Armagedón por tres ranas!), pero a  la vez el relato nos enseña que la propaganda belicista y mentirosa es  satánica.  Igual que el jinete del caballo rojo, estas ranas quitan la  paz de la tierra y ponen a la gente a matar.

3. Juan denuncia el  sistema económico del imperio romano:  Lo que menos se espera encontrar  en el Apocalipsis es un análisis agudo de la economía del imperio  romano. Eso se debe en parte a nuestra tendencia a leer este libro fuera  de su contexto histórico, y por otra parte nuestro poco conocimiento de  la economía del imperio romano del primer siglo, que nos hubiera  permitido reconocer estas alusiones. Las evidencias exegéticas muestran  que Juan tuvo un entendimiento profundo y acertado de temas económicos, y  una gran preocupación por la justicia económica..

El Imperio  Romano fue el primero en dominar todo el mundo mediterráneo, desde  Inglaterra  hasta el mar Caspio y las fronteras de los partos al otro  lado del Éufrates.  Jamás la humanidad, en toda su historia, había visto  un bloque económico y comercial tan inmenso, ni ciudad alguna había  cosechado los beneficios materiales del imperialismo como lo hizo Roma.   El botín de los triunfos militares, las valiosas obras de arte de  Grecia, Egipto y otros países conquistados, y los constantes tributos de  las colonias y provincias, tanto en dinero como en productos, todo  fluía hacia Roma para llenar de riqueza y lujo a la ciudad capital.   Floreció un amplísimo comercio, en beneficio principalmente de la Urbe  (y las minorías privilegiadas del Orbe).  El Talmud conserva un dicho  popular: "al mundo bajaron diez medidas de riqueza, y Roma se quedó con  nueve".

El caballo negro (6:5,6).  El tercer caballo, de color  negro, es obviamente de carácter económico.  Su jinete lleva una  balanza, que símboliza la vida comercial.  Después una voz anuncia los  precios de la canasta básica, que son de verdad precios de espanto: "Un  kilo (un quénice) de trigo, o tres kilos de cebada, por el salario de un  día (un dênarion)" (6:6). Según el Antiguo Testamento, el vender trigo  por peso significaba gran escasez y el correspondiente racionamiento.   La voz procede "de en medio de los cuatro seres vivientes" (el orden  creado de la vida consciente); no parece ser la de un ángel ni de uno de  los cuatro seres vivientes.  Se deja intencionalmente ambiguo, pero  parece representar algo así como "la voz del comercio", una  personificación de las fuerzas económicas que pregonan sus precios  criminales.

El denario era sueldo del jornalero por un día de  trabajo, y el quénice, equivalente de 1,079 litros, era la ración diaria  de trigo para una sola persona.  Cicerón nos informa que normalmente el  denario compraba doce quénices de trigo y 24 de cebada (In Verrem,  3.81).  Así el precio de trigo que pregonaban marcaba un aumento de doce  veces, y el de cebada, alimento de animales (1 R 4:28) y de los más  pobres (Rt 2:17; Ezq 4:9), un  aumento de ocho veces.  El tercer caballo  corre a galope hoy, y su galopante "inflación" afecta precisamente a  los alimentos indispensables para la sobrevivencia de "los de abajo".

En seguida el texto hace otro anuncio: "Pero no dañes el aceite y el  vino" (6:6): Esta frase es bastante enigmática, y ha recibido las  interpretaciones más diversas. No faltan los que ven aquí dos símbolos  del Espíritu Santo. Para algunos, significa que la sequía que produce la  hambruna en la región era todavía limitada, de modo que no alcanzó a  los olivos y las vides, que tienen raíces más profundas.  Otros señalan  que el aceite y el vino son lujos, mientras que trigo y cebada son  necesidades.  Creemos que José Salguero resume la mejor explicación:  unos años antes, para bajar el precio del pan en Italia, Roma comenzó a  comprar enormes cantidades de trigo de Egipto y África.  Al caer el  precio del pan en Italia, los agricultores romanos cambiaron sus  cultivos de granos por la vinicultura.  Se produjo entonces una  abundancia de vino, de modo que en el año 92 Domiciano decretó que "no  se plantasen más viñas en Italia y que en las provincias se destruyesen  la mitad o más" (Suetonio, Domiciano 7).  Eso había de favorecer, con  típica parcialidad, a los vinicultores de Italia en perjuicio de los  agricultores de las provincias.  Sin embargo, los latifundistas de Asia  Menor se rebelaron contra el edicto de Domiciano, quien a la postre se  vio obligado a rescindirlo.  

El tercer caballo es claramente  una protesta enérgica contra el comercio internacional explotador.   Mientras el pueblo muere de hambre por falta de trigo y cebada, los  latifundistas cultivan uvas y aceitunas para la exportación lucrativa.   Mientras falta la alimentación mínima de los obreros del campo, abundan  los lujos para los terratenientes y los privilegiados de la ciudad  capital.

Recientemente, Gregory Beale, del seminario teológico  Gordon-Conwell, ha defendido sistemáticamente una interpretación  económica de las primeras trompetas (1999:472-480) y las primeras copas  (814-21), con énfasis en la hambruna y la crisis alimentaria como  castigo divino. Señala, por ejemplo, que con la segunda trompeta, cuando  el mar se convierte en sangre, se destruyó, inexplicablemente, una  tercera parte de las naves (8:9). Beale interpreta eso, que no es una  consecuencia lógica de un mar de sangre, como expresión del juicio  divino sobre el comercio marítimo (1999:477).

La marca de la  bestia: totalitarismo económico: Al fin del capítulo 12 el dragón es  arrojado del cielo, y en el capítulo 13 moviliza todas sus fuerzas para  su encarnizada lucha contra la descendencia de la mujer.  El capítulo 13  es una descripción del poder político (13:1-10), poder ideológico  (13:11-15) y el poder económico (13:16-18) del satánico imperio.   Sorprende un tanto que el capítulo 13 termine precisamente con la  opresión económica, como su punto culminante.  Sorprende también que la  horrenda "marca de la Bestia", que planteaba una opción de vida y muerte  para los cristianos, tenga en su contexto un solo punto de referencia,  de carácter económico: el poder comprar y vender.

La función  de la marca es una sola, el controlar en forma total la vida económica  de todos, de la cual depende la existencia misma de cada uno.   Representa un boicoteo de los negocios y el control del empleo de los  que no se afilian a la Bestia.  Significa la deshumanización y la muerte  lenta, mediante las fatales sanciones económicas, que se aplican en  servicio de un sistema injusto, discriminatorio, que es a la vez  sacralizado y diabólico.  Aplasta al no-conformista y al des-adaptado,  que no lleva las "marcas" del sistema opresor. 

El imperio  romano nunca practicó este tipo de bloqueo ideológico discriminatorio  para estrangular económicamente al sector de la población que discrepaba  de su sistema.  Tampoco aparece nada parecido en otros escritos  apocalípticos. Ese hecho revela la originalidad de Juan y su marcada  concentración en los temas económicos. Muy lamentablemente, desde el  siglo pasado se ha comenzado a aplicar este tipo de bloqueo económico  discriminatorio sólo por el delito de no estar de acuerdo con la  ideología oficial de determinado país.

La ramera, su fornicación  y su borrachera (Ap 17-18): El simbolismo del relato de la ramera  plantea unas preguntas un poco curiosas: ¿Cómo pudieron los reyes de la  tierra fornicar con una ciudad (Babilonia, la ramera; 17:2,18)? ¿Qué  significa que las naciones "bebieron el excitante vino de su adulterio" y  se emborracharon (18:3)? Pablo Richard (1994:159) señala la relación de  las palabras pornê (prostituta), porneia (prostitución), y porneuô  (prostituirse) con el verbo extra-bíblico de pernêmi, vender, venderse.  Richard percibe esa misma connotación comercial en este texto: los reyes  se prostituyen en Roma, donde se venden por una cuota de poder y  riqueza. Como comenta Pikaza (1999:191), Roma era "un mundo que se  vuelve compra-venta" de vidas y almas, poder y riqueza.

En el  AT, especialmente en los escritos proféticos, el adulterio (o  fornicación) y la prostitución fueron símbolos muy comunes para diversas  formas de desobediencia y pecado, mayormente de Israel pero también de  otras naciones. La frecuente idolatría de Israel se describía como  adulterio, por ser infidelidad a su pacto con Dios, entendido como un  matrimonio (Dt 31:16; Is 57:3-13; Jer 5:7; Ezq 43:7,9 y algunos otros  pasajes). En dos casos los profetas acusan a otras naciones de  prostitución. Isaías, después de denunciar a Tiro larga y vehementemente  por su explotación comercial de otros países, lo tilda de ramera  (23:17-18).   En los mismos términos, Nahum denuncia a Nínive, capital  del poderoso imperio asirio, como "ciudad sedienta de sangre...  insaciable en su rapiña (3:1), "esa ramera de encantos zalameros, esa  maestra de la seducción" (3:4). Nahum condena también el comercio de  Nínive ("Aumentaste tus mercaderes más que las estrellas del cielo",  3:16) y a sus dignatarios y oficiales (3:17).

Franz Delitzsch  describe la "prostitución" que menciona Isa 23:17-18 como "actividad  comercial" que "con miras sólo a la ganancia material, no reconoce  ningún límite divinamente establecido, sino realiza un tráfico promiscuo  con todo el mundo, como una prostitución del alma".   Swete también lo  comenta en este sentido: "Aunque la acusación de `fornicación' podría  justificarse ampliamente por las condiciones morales de Roma bajo el  imperio, es probable que se refiere principalmente a la total venalidad  de la capital, que estaba dispuesta en cualquier momento a vender cuerpo  y alma por un buen precio" (1951:184).  Puesto que el énfasis central  de Apoc 18 es fuertemente comercial y económico, parece que la  "fornicación" de 17:2 y 18:3 se refiere particularmente al espíritu  mercantil de la capital imperial.

Peor aún, Roma ha exportado  su corrupción y su consumismo a todo el imperio, haciéndoles a las  naciones beber del vino de su pasión impura (14:8 griego; Swete) y  embriagándoles con el influjo intoxicante de su lujo, su vicio y su  idolatría (17:3). Roma estaba ebria con la euforia de su riqueza y su  poderío (18:7) y seducía y emborrachaba a las naciones con el mismo  espíritu. 

El desarrollo posterior de este texto demuestra a  las claras que la prostitución y la borrachera de la ramera consistía en  la seducción embriagante de sus lujos: "ella se entregó a la vanagloria  y al arrogante lujo" (18:7) y "los reyes de la tierra cometieron  adulterio con ella y compartieron su lujo" (18:9). Fue mediante este  comercio internacional de lujos ("frutos codiciados, cosas suntuosas y  espléndidas", 18:14) que "sus comerciantes eran los magnates de la  tierra" (18:23; cf. 18:3,15). Era una especie de "lujolatría" muy  parecida al consumismo desenfrenado de nuestro tiempo.

El  lamento de los comerciantes: Lo más explícitamente económico de todo el  libro del Apocalipsis es la endecha de los comerciantes (18:11-17) y de  los transportistas marítimos (18:17-19) por la destrucción de Babilonia.  Junto con los reyes aliados, que lloran la pérdida de su poder político  (18:9-10), los comerciantes internacionales del imperio lamentan a  gritos la pérdida de la gran fuente de su fortuna.  El pasaje es largo,  sumamente detallado y específico, y con fuerza abrumadora denuncia el  comercialismo y la lujolatría del Imperio Romano. Juan reproduce, como  si fuera el "registro de cargamento" de un barco, la lista de casi 30  productos del más exquisito lujo. Tanto detalle hace sospechar que Juan  frecuentaba los muelles de Éfeso para conversar con los marineros.

Ezequiel, en un pasaje muy parecido que sin duda le inspiró a Juan,  desglosa una lista aun más larga de los productos del comercio de Tiro  (Ezq 27:3-36; ¡51 productos!). Lo sorprendente es que las dos listas son  distintas, porque cada una corresponde al comercio de su momento  histórico. De la lista de Ezequiel, Apocalipsis omite unos 25 productos,  entre ellos ciertas maderas (pinos, encinas, cipreses); algunos  bordados y telas; tres metales (hierro, estaño, plomo); ébano, topacio,  corales, rubíes; mulas y chivos. La lista del Apocalipsis añade unos  diez productos: perlas, seda, escarlata, mármol, mirra, harina refinada,  carruajes y esclavos. 

Estos productos procedían de todo el  mundo conocido, desde Inglaterra hasta la China; llegaban a Roma  comerciantes y embajadas aun de los pueblos orientales.  Augusto había  organizado muy bien la patrulla marina que controlaba la piratería e  hizo posible el constante movimiento comercial.  Plinio informa que una  flota de más de 100 barcos viajaba constantemente al Mar Rojo y a la  India (Hist.Nat. 12.41).  El tráfico marítimo entre Alejandría y Roma,  con duración de unos 10 días, era especialmente nutrido.  Un eficiente  sistema bancario y crediticio, y la unidad monetaria del imperio,  facilitaban mucho todo este comercio.

Unos datos al azar darán  una idea de la magnitud de este comercio.  Según Plinio (Hist.Nat.  12,41,2), cada año el imperio gastaba cien millones de sestercios  en  perlas de Arabia, India y China.  Se practicaba la minería en España,  Bretaña, y al norte del Danubio; las minas generalmente pertenecían al  estado, y los mineros eran en su mayoría esclavos.  El lino venía de  Egipto, la púrpura de Fenicia (extractada por un proceso sumamente  laborioso y costoso), y la seda de China.  La "madera olorosa" (citum, o  tuya), traída desde Argelia, se utilizaba en muebles lujosos, que a  veces tenían un precio equivalente a un latifundio de 122 hectáreas por  una sola mesa (Plino, Hist.Nat. 13,20,30).  El cinamomo de China valía  unos 300 denarios por libra, y el amomo de India y otros lugares costaba  unos 60 denarios por libra.  También venían coches, a veces adornados  con plata.

Llama poderosamente la atención que tanto la lista  de Ezequiel como la de Juan corresponde detalladamente a su contexto, a  los productos de lujo que de hecho se transportaban en su época. En el  año 95 d.C. la lista no pudo ser igual que la de Ezequiel en el año 600  a.C.  Por supuesto, sería muy diferente una lista de productos de lujo  de nuestro siglo XXI (automóviles Mercedes Benz, relojes Rolex,  televisoras, microondas). Tampoco es posible espiritualizar los  productos, para interpretarlos simbólicamente. Estos hechos muestran a  las claras que Juan estaba pensando económicamente, con mucho  conocimiento del tema, y que también aquí, casi llegando a finales de su  libro, Juan sigue pensando en el imperio romano.

4. Juan  denuncia el sistema ideológico del imperio: Todo sistema político tiene  una infraestructura ideológica, que a menudo es religiosa. Tal fue el  caso del imperio romano.  Aunque el mundo greco-romano tenía una  abundancia de deidades, y no era problema agregar uno más o no  agregarlo, los romanos del tiempo del N.T. buscaban consolidar la unidad  del imperio mediante una religión común de todo el imperio, y una  religión explícitamente política, de adoración al emperador. Los  nicolaítas se sentían muy inclinados a acomodarse con esa religión  oficial del sistema imperial.

El libro del Apocalipsis elabora  lo que podemos llamar una "demonología del imperialismo".  Detrás de  todas las estructuras políticas, económicas y sociales del imperio, el  autor percibe fuerzas espirituales en combate mortal.  La lucha entre el  imperio y la iglesia, entre el emperador y los cristianos, es el  "proscenio"  en primer plano de este otro drama todavía más vasto y  decisivo.  Contra el trono de Dios y del Cordero, se levanta el "trono  de Satanás" (2.13) y su bestia feroz. El libro comunica esta teología  anti-imperialista por medio de un fascinante drama, de cuatro personajes  malévolos.

El dragón es un monstruo cocodriloide que se  identifica con toda claridad como "la serpiente antigua, que se llama el  Diablo o Satanás, el cual engaña al mundo entero" (12:9; 20:2).  El  dragón comienza su campaña con una lucha cobarde contra una mujer  encinta y un niño. Pero en esa lucha, sorprendentemente, nada le va bien  y termina desesperado. En la furia de su frustración, ¡el diablo decide  crear el imperio romano!

El capítulo doce (que debe incluir  13:1) enseñaba a los primeros lectores dos verdades muy importantes.  Primero, el imperio romano es un invento de Satanás. El dragón ha dado  su mismo trono y autoridad al emperador, y por lo tanto, adoración al  emperador es culto al diablo. La ideología del imperio es un invento de  Satanás.  En segundo lugar, les explica que el diablo está tan furioso  porque ha sido derrotado y humillado. Detrás de la persecución de los  cristianos de Asia Menor está la victoria definitiva del Cordero sobre  ese dragón. Eso les permitió ver en la misma persecución que sufrían, la  señal firme y segura de la victoria del evangelio. Mientras la victoria  celestial en el capítulo 12 es obra directa de Dios, la victoria en la  tierra, para la iglesia metida en la realidad histórica (cap. 13), es  por fidelidad hasta el martirio (cf. 12:11).

La Bestia, evocada  del mar por el mismo diablo, es agente fiel de su progenitor.  Este  extraño monstruo es una amalgama de las cuatro bestias de Daniel 7, que  también salieron del mar. Juan cambia muchos detalles del relato de  Daniel, omite lo que no le interesa y añade otros detalles que  corresponden a su propio contexto. Las bestias de Daniel 7 fueron  cuatro, por ser cuatro imperios enemigos de Israel. En el Apocalipsis es  una sola bestia, con una extraña mezcla híbrida de las cuatro en una  sola, porque había un solo enemigo frente a la iglesia: el imperio  romano. Esta bestia tiene siete cabezas (detalle ausente en Daniel), que  según 17:9 representan las siete colinas de Roma y a la vez siete de  sus reyes. Estos detalles confirman la conclusión de que el imperio  romano es una bestia al servicio de un dragón. La ideología del imperio  es una religión satánica.

Hoy día, el verbo "satanizar" tiene  un significado peyorativo, como uno de los peores pecados en la ética  social y política. De cierto, es muy peligroso absolutizar alguna  postura política, como el supremo bien, y demonizar otras como el mal  absoluto. Juan, sin embargo, nos enseña que de hecho el diablo se mete  en la política, y mucho.  Juan reconoce la presencia de Satanás en la  esfera política y no tiene reparos en "satanizar" al imperio romano. Tan  errado es ver al diablo donde no está, como no verlo donde sí está.

Una tarea de la ética política cristiana, para la iglesia como  comunidad profética hoy, es discernir y señalar las fuerzas satánicas en  los procesos políticos, desde la óptica del reino de Dios y su  justicia. Por eso, ausentarnos de la política puede significar dejarle  la cancha al diablo.

El falso profeta (13:11-18): Esta segunda  bestia, con cara de cordero pero voz de dragón, procede de la tierra, lo  que sugiere que probablemente era un personaje conocido en Asia Menor.  Barclay observa al respecto que el culto al emperador no se impuso desde  arriba, desde Roma, sino al contrario surgió desde abajo promovido por  los pueblos de provincia (p. 323).  En ese proceso, toda la organización  política y religiosa de las provincias, con sus magistrados, diócesis, y  sacerdocios regionales, hacía su aporte a la promoción del culto  imperial.  Así fue como la segunda bestia surgió "de la tierra" asiática  (pp. 326,338).

Aunque la segunda bestia parece inocente y  relativamente débil, de hecho "ejerce todo el poder de la primera Bestia  en servicio de ésta" (13:12 BJ). Como representante oficial del imperio  y Sumo Sacerdote de la religión imperial, logra que las masas rindan  culto a la imagen del emperador. Persuade a la gente erigir una inmensa  imagen del emperador como objeto de su adoración (13:14-15),  y utiliza  cuatro métodos para engañar a la gente e inculcar la idolatría imperial:  (1) la poderosa retórica de su "voz de dragón" (13:11); (2) sus  sensacionales prodigios (13:13-15); (3) severas sanciones económicas  contra quienes no reciben la marca de la Bestia (13:16-18); y (4) la  pena de muerte contra los "disidentes" que no la adoran (13:15).

Como "Ministro de Propaganda", el falso profeta promueve "la  ideología del poder" que sacraliza al imperio (Barsotti, op.cit. pp.  180-185.).  Cullmann (op.cit., p.92) resume muy bien su función dentro  del sistema total:

La segunda bestia representa el poder de la  propaganda religioso-ideológica del Estado totalitario.  En esta  pretensión seudo-religiosa se manifiesta lo diabólico de este falso  profeta, que se presenta como si fuese el verdadero profeta del  verdadero Dios.  En realidad hace propaganda para su dueño, el diablo,  el Estado totalitario....  Todo Estado totalitario necesita una  ideología que sea una parodia de la fe.

El tema central en la  exposición de estos tres personajes -- el dragón, la bestia y el falso  profeta -- es la denuncia de la idolatría en que se fundamenta el  imperialismo, con sus reclamos de poder absoluto. Era una idolatría  sutil, a menudo velada, capaz de seducir también a muchos cristianos,  como los nicolaítas. En su mensaje anti-idolátrico, Juan sigue a la  iconoclasia de los profetas hebreos. La denuncia de ellos debe darnos  mucho que pensar ante los nuevos ídolos del mundo moderno.

La  Ramera (Ap 17-18): Hemos visto que la ramera, conocida también como la  gran Babilonia, simboliza a la ciudad capital del imperio. Se  caracteriza por dos vicios: la prostitución y la embriaguez. Por eso la  denuncia contra ella se concentra con mucho énfasis en los aspectos del  poder económico y político y en su sangrienta persecución de todo  disidente (17:6; 18:24; 19:2). En todo imperio, el centro (la capital y  las cabeceras provinciales con sus élites) siempre se enriquece a  expensas de la periferia empobrecida. En el caso de la ramera, a  diferencia de las dos bestias, hay muchas y claras referencias a los  pecados económicos pero el texto no tiene ninguna referencia a su  idolatría.

El cap. 17 es rico en ironía vigorosa y hasta  burlesca.  En la época de la Pax Romana, cuando la "Ciudad Eterna"  parecía invencible y muchos pueblos adoraban a la dea Roma,  el profeta  pinta un cuadro totalmente diferente.  Roma se cree diosa pero no la es;  más bien, es todo lo contrario ¡es la gran Ramera, madre de todas las  rameras!  La iglesia, en cambio, es madre pura (12:1-2) y la "desposada,  dispuesta como una esposa ataviada para su marido" (19:7, 21:2,9). La  prostituta cabalga, no sobre un caballo blanco como si fuera diosa en  alguna estatua ecuestre, sino sobre una repugnante bestia escarlata, con  siete cabezas y diez cuernos.  El imperio romano es una bestia,  inspirada por un dragón, y la ciudad capital es una ramera que anda  montada sobre ella, borracha con sus nauseabundeces y con la sangre de  sus víctimas (17:6; 18:24).

Este "drama del dragón", de que  la ramera es el último personaje, tiene profundo significado teológico,  tanto para la demonología como para la teología de la política. A  diferencia del énfasis en los evangelios sinópticos sobre la posesión  demoníaca de individuos, en Pablo y el Apocalipsis Satanás se mueve casi  exclusivamente al nivel de "poderes y potestades". En este relato el  dragón, detrás del imperio, es el Diablo mismo.  La Bestia simboliza al  imperio como tal, y el falso profeta a todas las fuerzas religiosas e  ideológicas (sacerdocio oriental, culto imperial, magia, filosofía) que  se ponen a las órdenes del imperio. Y la tremenda prostituta, montada  sobre la Bestia, es la gran Roma, capital del imperio.

La  ramera, que aparece por primera vez en el capítulo 17, desaparece del  escenario a finales del mismo capítulo cuando es desnudada y quemada por  su amantes (17:16-17). Un detalle interesante, y muy hermoso, es la  simetría con que Juan estructura este largo relato. La ramera, última en  entrar al escenario, es la primera en salir. Las dos bestias, que  aparecieron en segundo y tercero lugar (13:1,11), son también segunda y  tercera en ser juzgados, cuando son lanzadas al lago de azufre y fuego  (19:20). Eso deja al dragón sólo, igual que estaba a finales del  capítulo doce. Sorprendentemente, Dios no echa al diablo también al  infierno, junto con sus dos aliados, sino le da mil años de prisión  preventiva (20:1-3). Esto da mayor fuerza dramática al final de relato:  el dragón, cuando es liberado, no ha cambiado nada y pretende provocar  otra guerra más (20:7-10) y ahora sí, al fin, es también lanzado al  castigo eterno. De ese modo, el primero en entrar (12:3) es el último en  salir.

Conclusión: Como preso y como pastor de siete  congregaciones amenazadas por el imperio, a Juan no le convenía  inmiscuirse en temas que no afectaban directamente a la iglesia, como  por ejemplo el militarismo o los precios de los granos básicos. Pero  como profeta,  no pudo callarse. De la misma manera que levantó la voz  por todas las víctimas de la violencia, sean cristianas o no (18:24),  también pronunció su palabra profética sobre los graves problemas  sociales de su tiempo.

Juan vivía con el corazón en el cielo  y los pies bien puestos en la tierra. Tuvo visiones de Dios, y muchas,  pero también tuvo una visión muy realista de las crudas realidades del  imperio romano. En el cielo oyó el cántico de millones de ángeles  (5:11-12), pero en la tierra donde vivía escuchaba con compasión el  clamor de los hambrientos y empobrecidos (6:3-6).  Realizó su misión  profética entre dos tronos, uno que estaba en Roma y el otro en el  cielo, establecido y firme por los siglos de los siglos. Su clara visión  del trono eterno transformó su visión del trono imperial.

¡Que Dios nos ayude a seguir el valiente ejemplo de este héroe de la fe!

Sobre el autor: Juan Stam se  nacionalizó costarricense como parte de un proceso de identificación  con América Latina .  Es Dr. en Teología por la  Universidad de Basilea.  Docente y escritor de libros,  artículos y del Comentario Bíblico Iberoamericano del Apocalipsis de Editorial Kairós.
http://www.elblogdebernabe.com/2010/12/el-apocalipsis-en-su-contexto-historico.html